Al igual que la mayoría, mi conocimiento
sobre los samurai antes de este estudio se limitaba prácticamente a la Edad
Moderna. Documentándome para esta precisa entrada he descubierto un mundo mucho
más complejo y me he sorprendido con el origen de estos guerreros legendarios
que se enseñorearon de Japón durante 700 años.
Con las sucesivas entradas del otro blog he ido creando una visión más amplia del samurai como un simple guerrero: les hemos visto como personajes orgullosos presumiendo de sus habilidades y linajes, como leales servidores de su señor hasta en la muerte, aficionados al teatro y a las letras, e incluso jugando a su propia versión del fútbol. Esta es una idea más compleja, pero muy alejada aun de la realidad.
Por ello, y en vistas de mis lecturas, me veo en la obligación no de crear una definición aproximada de samurai, sino tres. Las dos primeras definen a los samurai medievales, siendo la primera la del origen de estos guerreros y la segunda de su afirmación como estamento. La tercera, como no podía ser de otra manera, se corresponde con el samurai de la Edad Moderna, el que todo el mundo tiene en la cabeza.
En el siglo IX aparece por primera vez el término “samurai” aplicado a los guerreros. Pero lejos de ser una figura venerable, era a modo de burla. Los guerreros de la capital, quienes se consideraban más cultos y refinados que aquellos de la frontera en el noreste, les llamaban de este modo para referirse a ellos como “servidores”, pues este era el nombre de las categorías más bajas de la administración imperial en los siglos anteriores. Esta afrenta, junto con otros muchos motivos en los que no me voy a detener, dio pie a un conflicto cuyo culmen, pero no fin, será la guerra Genpei, entre los Taira y los Minamoto. Para definir al samurai de este período, pondré el ejemplo de Taira no Masakado. Generalmente se considera a los samurai como guerreros honorables, pero Masakado cometió verdaderas salvajadas durante la guerra, como la quema intencionada de cientos de pueblos partidarios de su enemigo. Contrasta con esto que fuera el primero en anunciar su nombre y linaje en batalla, señal que podríamos pensar propia de un combate honorable. Durante este período van apareciendo otros rasgos propios de los samurai: el recuento de cabezas como señal del valor del guerrero y los adornos en el casco y la armadura como elementos distintivos.
En
el siglo XI, los samurai en el ejército se reparten entre aquellos que van a
caballo con sus arcos y los infantes armados con lanza y sable como arma
complementaria. En el siglo XII se generaliza el seppuku, ya practicado en la
zona oriental. Existían otros modos de suicidarse, como lanzarse con la espada
en la boca desde el caballo, pero el seppuku era con diferencia el más
doloroso, por lo que no se les puede acusar de cobardía. Además, pensaban que
el alma reside en el abdomen. Con el tiempo, los samurai acaudalados hacían
mayor ostentación de riqueza mediante sus armas y armaduras. Los combates
rituales con arqueros a caballo como forma de guerra eran practicados como algo
honorable, aunque también se realizaban otras estrategias más ingeniosas, como
cuando Kiso Yoshinaka lanzó contra las fuerzas Taira una estampida de reses con
teas entre los cuernos. La práctica de anunciarse antes del combate y batirse
en duelo antes del choque de las tropas se hizo común, y el primero en cruzar
la espada con el enemigo recibía un gran reconocimiento.De esta manera, que he resumido lo mejor que he podido, podemos llegar a una primera definición de samurai entre los siglos IX y XIV: un guerrero orgulloso de su linaje que reconoce el honor en gran medida pero no siempre es honorable, que lucha a caballo y prefiere el arco como arma, aunque también sea diestro en el uso de la lanza, la alabarda y el sable. Las armaduras estaban confeccionadas con planchas de hierro unidas por tiras de cuero. Los colores empleados en ellas, al igual que los patrones, servían para identificar el rango y facción del portador. Había diversos tipos en función de quién la iba a llevar (por rango y por función), siendo generalmente más móviles las de la infantería que las de los jinetes.
En el siglo XIV, a las puertas del período
de los estados combatientes, la actitud del samurai en el campo de batalla ha
cambiado notablemente. Los guerreros ya no se anuncian antes del combate y se
realizan todo tipo de artimañas y juegos sucios para la consecución de la
victoria. El samurai ya no se identifica como un jinete arquero, sino un
infante armado con lanza como arma principal. Las armaduras se adaptaron a esta
nueva época: las grandes hombreras desaparecen y se pasan como protección de
los muslos, sustituyendo de esta manera a la antigua falda rígida que llevaban
los jinetes. De esta forma se reduce el peso y gana en movilidad, a la par que
se protege de las armas que se empiezan a ver más, como la alabarda. En el
siglo XVI se introduce el arcabuz en Japón, lo que cambia totalmente la forma
de guerrear. Con esta arma, cualquiera puede participar en una batalla, ya que
con un poco de entrenamiento se puede matar a un experimentado samurai antes de
que tenga la ocasión de acercarse. Los arqueros y espaderos pierden importancia
a favor de las unidades armadas con arcabuces, aunque no sea un arma que usen
los samurai.En esta segunda definición, entre los siglos XIV y XVI, podemos obtener que la victoria prevalece sobre el honor, aunque la valentía se premie. Los jinetes solo destacan al final, pues los samurai dirigen a sus fuerzas armadas con arcabuces sobre sus caballos. El arma por excelencia del samurai en este período es la lanza, aunque el arco sigue siendo relevante, y el sable no se va haciendo más popular hasta la introducción del arcabuz, arma muy usada para posteriormente ser prohibida. Aunque me he centrado en la parte bélica, los samurai no son unos incultos y disfrutan de la ceremonia del té y de la poesía renga.
Finalmente, Tokugawa Ieyasu se hace con el poder y emprende una serie de grandes reformas y llegamos a un período de paz, en el que la figura de un guerrero tiene poco sentido. Los samurai dejan de dedicarse a la guerra para convertirse en guardianes del orden y los encargos de la administración. Proliferan las artes, como la poesía haiku y el teatro nõ. Las artes marciales se convierten en obligatorias para no perder el espíritu guerrero y el kenjutsu, el arte del sable, se convierte en uno de los rasgos que más definen a los samurai, pues desde 1590 son los únicos autorizados para poseer este arma. La caza sirve para mantener la capacidad del jinete y el arquero. Algunos samurai se dan al lujo, lo que otros consideran decadente y fruto de ello aparece el término "bushido" por primera vez, retornando la Vía del Arco y del Caballo y tratando de mantener un modo de vida honorable. Los duelos proliferan hasta tal punto que en 1650 se prohibieron los duelos. Aun así, los samurai debían mantener su equipo en perfectas condiciones.
Para concluir, vemos el samurai como administrador entre los siglos XVI y XIX,
pero a la par trata de mantener su identidad guerrera a pesar de vivir en un
tiempo de paz. Los samurai se convierten en la élite cultural del país,
frecuentando teatros y elaborando poesía. Numerosos estilos de artes marciales
nacen y se difunden, pricipalmente de katana; y aparecen obras de crítica ante la decadencia, como los
tratados sobre el bushido o Hagakure.
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